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diumenge, 31 d’octubre del 2010

Mediterraneïtat

Max Beckmann, Odisseu i Calipso, 1943)
Los pueblos mediterráneos eran para Ferragut la aristocracia de la humanidad. El clima poderoso había templado al hombre como en ninguna otra parte del planeta, dándole una fuerza seca y resistente. Curtidos y bronceados por una absorción profunda del sol y de la energía del ambiente, sus navegantes pasaban al estado del metal...Los nautas del Mediterráneo se establecían en toda tierra como si fuese su casa. Sobre este mar era donde el hombre había desarrollado sus más altas energías. La Grecia antigua había convertido en acero la carne humana.
(...)
Todos los tipos del vigor humano habían surgido de la raza mediterránea,fina, aguzada y seca como el sílex, haciendo el bien y haciendo el mal siempre en grande, con la exageración de un carácter ardiente que desconoce la medida y salta de la doblez á los mayores extremos de generosidad.
Ulises era el padre de todos, el héroe cuerdo y prudente, y al mismo tiempo malicioso y complicado. También lo era el viejo Cadmo,con su mitra de fenicio y su barba anillada, gran ladrón de mar, que iba esparciendo, de fechoría en fechoría, el arte de escribir y las primeras nociones del comercio. (...)
Ferragut resumía los méritos y defectos de los hombres de su raza. Unos habían sido bandidos y otros santos, pero ninguno mediocre. Sus empresasmás audaces tenían mucho de reflexivo y práctico. Cuando se dedicaban al negocio, servían al mismo tiempo á la civilización. En ellos, el héroe y el mercader se mostraban tan unidos, que era imposible discernir dónde terminaba el uno y empezaba el otro.  (V.Blasco Ibáñez, Mare Nostrum,1918)